Prácticas de deporte en bucle

El pomposo acto inaugural del pasado domingo consiguió exaltar el orgullo patriótico de los naturales y dejó en el olvido los resultados discordantes que dejaron en evidencia la ineficiente gestión del Comité Organizador de los Juegos de la Commonwealth. No se sabe adonde fueron a parar los fondos en este país que carece de un sistema efectivo para librarse de la corrupción.

El comienzo de este evento ha despertado el espíritu deportivo en mi colonia. Al ahora populoso parque acuden mis convecinos para el ejercicio temprano. Animada por el agradable clima postmonzónico*, me sumo a esta sana costumbre social, incorporándome al desfile de la senda circular, con paso ligero. Frente a mí se sucede una secuencia monótona de personas: una pareja dando zancadas miméticas al compás, una señora que ha aparcado el bastón aprovechando la vitalidad que le regala el comienzo de un nuevo día, un hombre en marcha con las piernas arqueadas y un vigoroso balanceo de brazos. Y mientras, en el verde que éstos circundan, un grupo de niños se esparce alrededor de los columpios, una figura ejecuta estiramientos con los brazos extendidos hacia el cielo y las palmas en paralelo, y un anciano decrépito presencia toda la escena sosegado desde un banco.

Aretha consigue acelerar mi paso con su eterno hit de los sesenta, diviso en la distancia una mujer corpulenta que calza deportivas pero viste un kurta que le traba el movimiento. Con poco esfuerzo consigo sacarle ventaja, “respect!”, es mi grito triunfal interior por la hazaña. Surgen y se entrecruzan pensamientos en mi cabeza sin correlación. Recuerdo la película que vi anoche, una producción argentina-española “Kamchatka”, me quedé dormida antes de llegar al final, cuando el papá de Harry, hijo mayor de una familia escondida durante la dictadura en la Argentina, canta “zafarrancho de combate”. A menudo me quedo dormida a mitad de las películas, lo que suelo lamentar, ya que me obliga a ver el desenlace desligado de la trama y provoca que la magnitud del efecto emotivo que se va creando con el desarrollo de la historia se reduzca notablemente. Así dejé a la periodista afgana Nafas de camino en busca de su hermana, a un día del eclipse de sol, en la película “Kandahar”.

Paul Simon y McCartney alegran mi ritmo con I’ve just seen a face. Me pregunto qué habré soñado hoy. Hace tiempo que no recuerdo estas revelaciones del inconsciente, ni siquiera en los días que se me quedan cortos.

El hombre que continúa con su marcha enérgica se vuelve a cruzar por mi camino y yo, con toda la parsimonia india, salgo de la vereda inadvertida y emprendo la vuelta a casa.

*Las nubes se fueron y destaparon el sol, cuyos rayos junto con la suave brisa componen una temperatura, simplemente, perfecta.

Parque en Defence Colony, Nueva Delhi, 2010

Parque en Defence Colony, Nueva Delhi, 2010

Publicada el 6 de octubre de 2010 en Escritos de un año y medio en la India

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